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GUARELLO
Publicado 28 junio 2010

Opinión: Santos y demonios

Columna de opinión de Juan Cristóbal Guarello, director de la revista El Gráfico edición Chile luego de la eliminación de Chile en Sudáfrica 2010 a manos de Brasil.

Columna de opinión de Juan Cristóbal Guarello, director de la revista El Gráfico edición Chile.

Esto estaba lleno. Cuando Brasil aparece en tu camino en un Mundial de fútbol, hay que prepararse para centros de prensa repletos, tribunas colapsadas, listas de espera. Ellos son dueños del circo. Todo el Ellis Park pintaba de amarillo. Hacía un frío de perros, mordía. Casi me quedé sin ver el partido por culpa de una policía que quería demostrar su poder. Salí por una puerta, entré por la otra. Era Chile en un Mundial de fútbol. No, si lo iba a ver en la tele.

Lo de la cancha usted lo conoce. Dunga hizo la que sabe con jugadores tremendamente dotados: te espera, parece que no está jugando el partido, y de repente tienes dos goles en la canasta. No tengo ganas de hablar de planteamiento táctico, eso es lo inmediato pero se extingue fácilmente. Es una discusión fatua. Quiero una perspectiva un poco más a largo plazo. Digo, esto no es nuevo, que el fútbol chileno lleva escondido tres años atrás de Marcelo Bielsa. Si al rosarino le va bien, está todo bien, si los resultados son malos en la Selección, todo está malo. Hace una semana se hablaba de ser campeones mundiales. Y unos cuantos medios, aunque no deportivos en general, vendían cuentas alegres sin fundamento alguno. Después de la derrota, como si la lección no estuviera aprendida recién nada más, ya hay quienes hablan de los triunfos en el Mundial 2014. Creo haber escuchado palabras similares en el Parque de los Príncipes en 1998.

La inmadurez del medio supone, casi como una imposición patriótica, que la sola presencia de Marcelo Bielsa es garantía de todo. Que el rosarino puede soslayar aun las más evidentes carencias del fútbol chileno. Este discurso simplista, pero popular y de fácil consumo, ha penetrado casi como un catecismo. Santificar es el camino más expedito. Al darle al entrenador un carácter de infalible es sencillo descalificar cualquier apunte o enmienda, con diatribas sin contenido pero efectivas como “ratón”, “cobarde” y “perdedor”.

Tenemos un gran entrenador. Pero él sólo se ocupa de la selección mayor. Los otros equipos nacionales funcionan a trasmano con frecuencia. El ritmo del fútbol local no se homologa así nada más con ciertos momentos de Chile en este Mundial. Seamos serios, podemos prender velas y hacer grutas. Pero los milagros en el fútbol necesitan algo más que un técnico capacitado (que lo hay). Son modificaciones a la largo plazo que todavía esperan.

Yo creo que las consignas murieron en los dos últimos partidos de la Selección. Hubo que defenderse contra España porque la combinación de resultados daba el paso a la segunda ronda que era el objetivo. Se sacrificó el volante de salida contra Brasil porque la opción fue luchar el mediocampo. Las particularidades de cada encuentro exigieron cambios incomprensibles para varios. Resultaron a medias (segundo tiempo con España) o no resultaron (todo el partido con Brasil). El fútbol es de los jugadores, ellos hacen y deshacen. Los rendimientos individuales existen y las fichas en la pizarra no entran en la cancha. Los amarillos todavía son mejores y eso no se arregla con plegarias o autos de fe.

 
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